Historia del Japón

Historia del Japón

Edad Antigua

Se tienen datos sobre la existencia de población en el archipiélago japonés desde hace más de 100.000 años, cuando todavía formaba parte de la masa continental asiática. Los descubrimientos arqueológicos han revelado que los hombres primitivos que habitaban el archipiélago durante el Paleolítico (Alta Edad de Piedra) vivían principalmente de la caza y de la recolección de frutos. El periodo Neolítico (Baja Edad de Piedra), hace unos 10.000 años, atestigua la manufactura de útiles de piedra pulimentada, el desarrollo de técnicas de caza evolucionadas, con el uso de arcos y flechas, y la fabricación de vasijas de barro para cocinar y almacenar comida. El período que se extiende desde el 8.000 al 300 AC. se denomina período Jomon, debido a la decoración de los útiles de barro con dibujos de cuerda (significado de la palabra Jomon).

La agricultura, inicialmente el cultivo del arroz, y las técnicas metalúrgicas se introdujeron provenientes del continente asiático, en torno al 300 A.C. Los habitantes de Japón usaron armas de hierro y útiles agrícolas en su vida cotidiana y espadas de bronce y espejos en sus rituales religiosos. La división del trabajo aumentó la diferencia entre clases dirigentes y clases dominados durante este período, y se formó un gran número de pequeños estados a lo largo y ancho del país. El período que se extiende desde el 300 A.C. hasta el 300 D.C. se denomina período Yayoi debido a lo cerámica a torno que se produce en esta época.

En el siglo IV, los estados pequeños se van uniendo gradualmente, y una autoridad política fuerte y centralizada en Yamato (actual Prefectura de Nara) gobierna la nación. Entre los siglos IV al VI se producen grandes avances tanto en la agricultura como en la introducción de la cultura china, confucianismo y budismo, o través de Corea. A finales del siglo IV se entablan contactos entre Japón y los reinos de la península coreana. A través de este país, se introdujeron en el Japón artesanías industriales como las textiles, metalurgia, curtidos y construcción de barcos, que habían alcanzado un alto desarrollo en China durante lo dinastía Han.

Se adoptó la escritura china, que utiliza ideogramas o caracteres ideográficos, y a través de este medio, los japoneses aprendieron los rudimentos de la medicina, los secretos del calendario y de la astronomía, así como la filosofía del confucianismo. El budismo se introdujo en Japón en el año 538, procedente de la India y que siguió la ruta de China y Corea. El sistema chino de gobierno proporcionó también el modelo sobre el cual los gobernantes japoneses construyeron su propio sistema.

A principios del siglo VII se estableció en Nara la primera capital permanente del país. Durante más de setenta años, entre el 710 y el 784, la familia imperial japonesa residió en Nara y fue extendiendo gradualmente su autoridad al resto del país. Hasta entonces, la capital o sede del trono se había mudado frecuentemente dentro de la zona que actualmente ocupan las ciudades de Nara, Kioto y Osaka.

En el año 794 se construyó en Kioto uno nueva capital, tomando como modelo la capital de China en aquellos tiempos. Kioto continuó siendo la sede del trono durante mil años.

El traslado de la capital a Kioto marcó el comienzo del período Heian, que continuó hasta el año 1192. Este fue uno de los más importantes períodos desde el punto de vista del desarrollo artístico. Los contactos con China se interrumpieron hacia finales del siglo IX y desde entonces, la civilización japonesa empezó a consolidar sus propias características y formas.

Este fue un proceso de asimilación y adaptación, a través del cual los rasgos procedentes del exterior fueron asumiendo poco o poco un estilo esencialmente japonés. El ejemplo más típico de este proceso fue el desarrollo de una escritura original japonesa durante el período Heian. La complejidad de los ideogramas chinos llevó a los escritores y sacerdotes a elaborar dos series de silabarios, basados en formas chinas. Hacia mediados del período Heian, estas letras relativamente simples, conocidas con el nombre de "kana", se habían ido perfeccionando y extendiendo, abriendo así el camino para la aparición de una literatura puramente japonesa que floreció en lugar de la literatura introducida en idioma chino.

La vida en la capital se caracterizaba por una gran elegancia y refinamiento. Mientras la corte se dedicaba al cultivo de las artes y de los placeres de la vida social, su autoridad sobre los clanes militares de las provincias se debilitó paulatinamente. El control efectivo del reino pasó poco a poco de las manos de los monarcas a convertirse en el trofeo que se disputaban dos familias militares rivales: los Minamoto y los Taira, descendientes ambas de anteriores Emperadores y que protagonizaron una de las luchas más célebres y encarnizadas de la turbulenta Edad Media japonesa. Finalmente se impusieron los Minamoto, aniquilando a sus rivales del clan Taira en 1185, en la épica batalla de Dannoura, en el Mar Interior.

Epoca feudal

La victoria de los Minamoto marcó en la práctica el eclipse del poder imperial como fuente de poder político efectivo, y el comienzo de siete siglos de gobierno feudal ejercido por una serie de shogunes o gobernantes militares.

En el año 1192, Yorimoto, cabeza de la triunfante familia Minamoto, estableció el shogunato o gobierno militar en Kamakura, cerca de la actual Tokio, y asumió algunos poderes administrativos que anteriormente ejercían los Emperadores desde Kioto. Como una reacción contra lo que consideraron como causa de la decadencia de Kioto, es decir, su afición a las artes de la paz, el shogunato de Kamakura estimuló la austeridad y el cultivo de las otras disciplinas marciales, necesarios para restaurar el mando efectivo sobre todo el territorio, especialmente sobre los clanes rebeldes de las provincias más alejadas. El período Kamakura, como se conoce la era del shogunato de Yoritomo, fue una etapa en la que prevaleció el "Bushido", los artes del "samurai" o de la caballería japonesa.

En el año 1213 el poder real fue transferido de los Minamoto a los Hojo, la familia de la esposa de Yoritomo, que actuaron como regentes del Shogun, y mantuvieron el gobierno militar en Kamakura hasta el 1333. Durante este período, los mongoles atacaron la parte norte de Kyushu en dos ocasiones: una vez en 1274 y de nuevo en 1281. A pesar de su inferioridad en materia de armamentos, los guerreros japoneses lograron defender su territorio e impidieron la penetración de los invasores al interior del país. Después de la destrucción de la mayor parte de su flota por los tifones que asolaron la tierra durante ambos intentos de invasión, los mongoles retiraron sus fuerzas del Japón.

Después de una efímera restauración del gobierno imperial, entre 1333 y 1338, siguió un nuevo gobierno militar establecido por los Ashikaga en Muromachi (Kioto).

El período Muromachi se extendió durante más de dos siglos, desde 1339 hasta 1573. Una vez más se produjo el retorno del péndulo pasando de las disciplinas espartanas del período Kamakura a un estilo de vida en el que las austeras prácticas del "Bushido" encontraron expresión en actividades estéticas y religiosas y dejaron para siempre su huella indeleble en las artes del país, cuya característica principal, incluso hoy en día, es el sentido clásico de contención y simplicidad.

Después de dos siglos de mandato, el «shogunato de Muromachi tuvo que enfrentarse con un creciente desafío a su autoridad que le plantearon los clanes rivales de otras regiones del país. Hacia finales del siglo XVI, Japón estaba dividido por guerras civiles en las que los señores provinciales luchaban por la supremacía. En 1590, el gran general Hideyoshi Toyotomi restableció finalmente el orden. En 1592 y 1597 Hideyoshi realizó dos invasiones de Corea, las cuales fracasaron ante la resistencia coreana y china. Su labor en la pacificación y unificación del país fue continuada por Ieyasu Tokugawa, fundador del shogunato Tokugawa. Fue durante este período de transición entre guerras civiles cuando se construyeron muchos de los castillos más famosos de Japón.

En 1603, después de haberse consolidado como verdadero gobernante de todo el país, Ieyasu fundó su shogunato en Edo, como se llamaba por entonces la actual Tokio. Este hecho constituyó una piedra de toque importante en la historia de Japón. Ieyasu creó los moldes en los cuales se forjaron casi todos los rasgos de la vida nacional que habrían de permanecer vigentes durante los siguientes 265 años, especialmente las instituciones sociales y políticas.

Como uno medida para preservar la integridad de la estructura social y política creada por Ieyasu, el shogunato Tokugawa tomó la drástica decisión de cerrar las puertas de Japón al mundo exterior, en 1639.

Los primeros occidentales habían llegado a las costas japonesas en el siglo anterior, durante el período Muromachi. Comerciantes portugueses desembarcaron en una pequeña isla del sudoeste del Japón en 1543, e introdujeron armas de fuego en el país. Durante los años siguientes, llegaron misioneros jesuitas encabezados por San Francisco Javier y grupos de españoles. También se establecieron en suelo japonés algunos comerciantes holandeses e ingleses.

La presencia de los europeos ejerció una profunda influencia en Japón. Los misioneros a gran cantidad de personas particularmente en el sur del país. El shogunato se dio cuenta de que el cristianismo podría ser potencialmente tan explosivo como las armas de fuego que lo acompañaban. Finalmente se prohibió el cristianismo y el shogunato impidió la entrada a todos los extranjeros, excepto a un puñado de holandeses y chinos dedicados al comercio, que fueron confinados a la isla de Dejima, en Nagasaki, además de algunos chinos que vivían en Nagasaki, y enviados ocasionales de la dinastía Lee de Corea. Durante dos siglos y medio, esta diminuta colonia fue el único punto de contacto entre Japón y el mundo exterior. Fue a través de esta pequeña puerta cómo los estudiosos japoneses adquirieron conocimientos básicos de la medicina occidental y de otras ciencias, durante el largo período de aislamiento del país. Restauración de la autoridad imperial Hacia fines del siglo XVIII y principios del XIX, se ejercieron sobre Japón presiones cada vez mayores para que abriera sus costas al mundo exterior. En la vida interna, la rígida estructura sociopolítica creada por Ieyasu se vio sometida a presiones causadas por el avance de los tiempos.

En 1853, el Comodoro Matthew C. Percy, de los Estados Unidos, entró en la bahía de Tokio con una escuadra de cuatro barcos. Regresó al año siguiente y logró persuadir a los japoneses para que firmasen un tratado de amistad con su país. Después se formalizaron tratados similares con Rusia, Gran Bretaña y los Países Bajos en el mismo año, con lo cual volvían a abrirse los puertos del Japón al intercambio con el exterior. Cuatro años más tarde, estos tratados originales se convirtieron en tratados comerciales. Con Francia se firmó un acuerdo similar.

La repercusión de estos acontecimientos aumentó la presión de las corrientes sociales y políticas que estaban minando el fundamento de la estructura feudal. Hubo grandes torbellinos durante una década, hasta que el sistema feudal del shogunato Tokugawa se derrumbó en 1867. Desde entonces se restauró la plena soberanía al Emperador. Este hecho se conoce coma Restauración Meiji de 1868.

Edad Moderna

La época Meiji (1868-1912) representó uno de los períodos más notables en la historia de las naciones. Bajo el Emperador Meiji, el país se esforzó por alcanzar en sólo unas cuantas décadas lo que había llevado varios siglos a los países occidentales: la creación de una nación moderna con industrias modernas, instituciones políticas modernas y un modelo de sociedad moderna.

Durante los primeros años de su reinado, el Emperador Meiji transfirió la capital imperial de Kioto a Edo, sede del gobierno feudal de antaño. La ciudad fue bautizada con el nombre de Tokio, que significa "capital oriental".

Se promulgó una Constitución, que establecía la existencia de un gabinete y de un legislativo bicameral. Se abolieron las antiguas clases en las cuales había estado dividida la sociedad durante la época feudal. Todo el país se entregó de lleno, con energía y entusiasmo, al estudio y adopción de la moderna civilización occidental.

La Restauración Meiji fue como la ruptura de una presa, detrás de la cual estaban acumuladas las fuerzas y energías de varios siglos. Las oleadas y vibraciones causadas por la liberación repentina de estas energías se hicieron sentir también del otro lado del mar. Antes de terminar el siglo XIX, el país se vio envuelto en la Guerra Chino-Japonesa de 1894-95, que finalizó con la victoria de Japón, siendo una de los consecuencias de esta guerra que Japón arrebató Taiwan a China, y diez años después la Guerra Ruso Japonesa. El Japón resultó victorioso en ambas contiendas y como resultado de ellas, recobró la isla Sajalin del Sur que había cedido a Rusia en 1875 a cambio de las islas Kuriles y se le reconocían intereses especiales en Manchuria. Después de alejar a otras potencias para que no ejerciesen ninguna influencia sobre Corea, Japón la convirtió en protectorado suyo en 1905, y se la anexionó en 1910.

El Emperador Meiji cuyo esclarecido e imaginativo gobierno había guiado a la nación durante las décadas de su dinámica transformación, murió en 1912 en vísperas de la Primera Guerra Mundial. A finales de esta contienda, en la cual entró Japón por las disposiciones de la Alianza Anglo-Japonesa de 1902, Japón fue reconocido como una de las grandes potencias de la tierra. Después del Emperador Meiji, reinó el Emperador Taisho, y en 1926 subió al trono Su Majestad Hirohito y comenzó la era Showa.

Este período se inauguró en un ambiente lleno de promesas. Las industrias de la nación continuaron creciendo y su vida política parecía hallarse sólidamente fundamentada en el sistema de gobierno parlamentario. Sin embargo, nuevos factores empezaron a influir negativamente. La depresión mundial desequilibró la vida económica de la nación. La confianza pública en los partidos políticos se desvaneció después de una serie de escándalos. Esta situación fue explotada por los extremistas y la camarilla militar aprovechó la oportunidad que le ofrecían los tiempos confusos. La influencia de los partidos políticos declinaba incesantemente.

Después del incidente de Lugouqioa, que desencadenó la guerra con China en 1957, los partidos políticos se vieron forzados a unirse en una sola plataforma de cooperación con el esfuerzo bélico. Finalmente fueron disueltos y en su lugar se erigió un partido nacional unificado. Con las funciones de la Dieta reducidas o poco más que servir como sello de goma, no hubo ya ninguna oposición parlamentaria a la marea de acontecimientos que finalmente llevaron a la Guerra del Pacífico en 1941.

Desde 1945 a la actualidad

En agosto de 1945, un Japón exhausto y agotado por la guerra aceptó los términos de la rendición impuestas por los aliados, y por edicto imperial, el pueblo japonés depuso las armas. Durante más de seis años y tras la rendición, Japón estuvo bajo control aliado, principalmente norteamericano.

Bajo el mandato de las autoridades de ocupación, dirigidas por el General Douglas MacArthur, se pusieron en práctica varias reformas sociales y políticas. Las tierras fueron redistribuidas en favor de los antiguos propietarios. Se garantizó el derecho de los trabajadores a organizarse en sindicatos y a manifestarse. Los grandes Zaibatsu -grandes "holdings" comerciales basados en los vínculos familiares- fueron disueltos. Las mujeres lograron el derecho al voto y otros derechos. La libertad de reunión, expresión y creencia religiosa fueron garantizados. En 1947 se promulgó una nueva Constitución liberal.

En 1951, Japón firmó el Tratado de Paz de San Francisco, que significó su regreso a la comunidad de naciones como un estado reformado. Por este tratado, Japón recuperó el derecho a dirigir su política exterior, derecho que había sido suprimido con la ocupación.

Una de las tareas más inmediatas de los años de posguerra fue la recuperación económica. Con el favorable apoyo de los Estados Unidos y de otras naciones, Japón fue admitido en varías Organizaciones internacionales que permitieron al país participar en el comercio internacional, libre y multilateral. A mediados de los años sesenta, Japón se había hecho lo bastante poderoso económicamente como para competir con éxito en los mercados libres mundiales.

Paralelamente a su recuperación económica Japón realizó esfuerzos diplomáticos para restituir su posición internacional. Desde el momento de su admisión en las Naciones Unidas en 1956, Japón se convirtió en un participante cada vez más activo en los foros políticos internacionales, así como en los económicos y sociales.

Los acuerdos de defensa firmados originalmente en los Estados Unidos en 1951 fueron revisados en 1960 con la intención de hacerlos más recíprocos. Las reparaciones de guerra habían sido totalmente pagadas a mediados de la década de los sesenta. Después de una serie prolongada de negociaciones se firmó la paz con la República de Corea en 1965. Tan sólo dos décadas después de su derrota, Japón se había recuperado prácticamente del todo de la devastación de la guerra. Los Juegos Olímpicos celebrados en Tokio en 1964 simbolizaron la nueva confianza del pueblo japonés y la creciente importancia del país en la comunidad internacional.

Desde 1945, Japón ha disfrutado de una amplia estabilidad en su política interna. Excepto un breve período de tiempo de gobierno socialista en 1947-1948, los conservadores han mantenido una mayoría constante en la Dieta.

A mediados de los años setenta, Japón comenzó a hacer frente a nuevos tipos de problemas tanto en el interior como en el exterior del país. Al tener las necesidades básicas bien satisfechas, el pueblo comenzó a buscar nuevos objetivos, especialmente mejoras en la calidad de vida. Los estudiantes manifestaron su descontento en escuelas y universidades. Varios grupos de ciudadanos demandaron la corrección de las desigualdades sociales y el problema de la contaminación, debido al interés prioritario concedido por el país al desarrollo económico, atrajo en mayor grado la atención pública.

El proceso hacia un crecimiento económico lento que se desarrolló en los años setenta, junto con el entorno económico internacional cada vez más constreñida, influyó grandemente en la vida de los japoneses y dio lugar a cambios en su pensamiento y formas de vida. Los valores se han diversificado más y mucha gente empieza a conceder más importancia a la autorrealización y a la consecución de objetivos más personalizados. La devolución de Okinawa (las islas Ryukyu y Daito) por parte de la administración norteamericana a Japón en 1972, y la aproximación a la República Popular de China en el mismo año fueron dos destacados acontecimientos de la década de los setenta. Debido al papel que desempeña en la economía mundial, Japón ha ido tomando una serie de medidas para liberalizar sus mercados. Como importante miembro del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) y de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo, comprometido en el mantenimiento del libre comercio, Japón desempeña cotidianamente un significativo papel en las áreas comercial, financiera y económica y de asistencia técnica. Desde 1975, Japón es miembro de las cumbres anuales de las siete naciones más ricas del planeta. Dos de estas cumbres se han celebrado en Tokio, una en 1979 y la otra en 1986.

Ante el creciente poder nacional del Japón y las expectativas de otros países en su actuación internacional, el Gobierno ha adoptado, desde mediadas de los años 80, una actitud positiva para expandir la contribución del Japón a la comunidad global.

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Bibliografía: www.nikkeiworld.com/